Pakistán: una pesadilla para la seguridad internacional

En 2011 Hillary Clinton, entonces Secretaria de Estado del presidente Obama, advertía a las autoridades pakistaníes: “No puedes tener serpientes en tu jardín y esperar que sólo muerdan a tus vecinos”. Durante décadas Pakistán ha alimentado a la bestia del terrorismo yihadista y en los últimos años ésta se ha vuelto en su contra.

La matanza de 132 escolares y 9 profesores a manos de un comando de Talibanes Pakistaníes el 16 de diciembre en Peshawar, una ciudad fronteriza con Afganistán, constituye una prueba más del desafío sin parangón al que se enfrenta Pakistán, un país en el que el terrorismo se ha cobrado entre 40.000 y 50.000 vidas en la última década.

Durante décadas las autoridades pakistaníes han apostado fuerte a un juego peligroso basado en la instrumentalización de un Islam excluyente como seña de identidad, la utilización de organizaciones yihadistas contra sus enemigos tradicionales (India y Afganistán) y la garantía nuclear contra las eventuales represalias de India, ésta a su vez una potencia nuclear.

Si añadimos la situación de pobreza extrema de un país superpoblado, gobernado por instituciones políticas débiles que apenas controlan a sus fuerzas armadas, la situación del país asiático suscita alarma y su deterioro amenazaría seriamente la seguridad regional e internacional.

Una democracia vigilada  

La Primavera árabe que ha revolucionado el Gran Oriente Medio desde 2011 apenas ha tenido repercusión en las calles de Pakistán. No obstante, algunas señales apuntan en la dirección correcta: Asif Ali Zardari encabezó el primer gobierno elegido democráticamente en 2008 que agotó su mandato en la historia de Pakistán y el traspaso de poderes en 2013 con su sucesor, el actual primer ministro Nawaz Sharif, fue pacífico.

El estamento militar ha dominado la política pakistaní de forma directa (dictaduras) o indirecta a través de la manipulación de las luchas partidistas. Ha tolerado los gobiernos civiles siempre que estos no interfiriesen en los asuntos reservados a los militares: la política nuclear o las áreas clave de la política exterior con India, China, Afganistán o los EEUUs. Las Fuerzas Armadas pakistaníes, el quinto ejército más grande del mundo, manejan un presupuesto de defensa que alcanza el 18% del total, muy por encima del gasto conjunto en educación y salud.

Desde los años 1970 unas pocas dinastías familiares, entre las que destacan los Bhutto[i] y en menor medida la fundada por el actual primer ministro Nawaz Sharif, se han alternado en el gobierno. El Partido Popular de Pakistán y la Liga Musulmana de Pakistán funcionan como meras extensiones de los Bhutto y de Sharif respectivamente para alcanzar el poder y practicar el clientelismo.

Pobreza y abusos de derechos humanos

La extensión de la pobreza y la falta de oportunidades laborales y educativas constituyen un caladero de simpatizantes y militantes para el extremismo y el terrorismo. Pakistán se encuentra densamente poblado con casi 200 millones de almas de las que un 21% vive con menos de 1,25 dólares al día. Su renta per cápita es de 1.368 $, veinte veces menos que España, y presenta una tasa de alfabetización del 70% (datos de Naciones Unidas). Con la excepción de Afganistán, Pakistán colinda con vecinos más ricos, las potencias emergentes de India al este y China al Norte, e Irán al oeste. Su índice de desarrollo humano es de los más bajos del planeta.

Las zonas tribales fronterizas con Afganistán presentan una situación más dramática. Allí la Constitución pakistaní no se aplica, los periodistas no llegan y se registran violaciones frecuentes de derechos humanos en las campañas contraterroristas del ejército para eliminar y degradar a las organizaciones terroristas que se cobijan allí, principalmente los Talibanes Pakistaníes. Las madrazas, escuelas coránicas que abundan en el área, y los excesos del ejército suscitan recelos y alimentan las filas del movimiento insurgente talibán.

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El Islam y la política

Las autoridades pakistaníes han impulsado la islamización de la sociedad desde los años 1970s. En 1947 el Imperio Británico divide el subcontinente indio entre una zona predominantemente habitada por hindúes en el centro (en la actualidad, India) y otra de mayoría musulmana en el oeste (en la actualidad Pakistán) y Bengala Oriental (en la actualidad Bangladesh). Desde entonces los gobernantes pakistaníes, especialmente el General Zia-ul-Haq (1977-1988), han utilizado la carta del islam para cohesionar el país y eliminar la oposición de otras identidades rivales que nunca quisieron pertenecer a Pakistán, el nacionalismo pastún en las zonas tribales de la frontera con Afganistán y el separatismo de Beluchistán.

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Lo que es peor aún, los gobiernos pakistaníes han cedido en muchas ocasiones a la presión de organizaciones extremistas del credo mayoritario sunita y consentido sino alentado la violencia sectaria contra las minorías chiita y ahmadia.

El Estado y las organizaciones terroristas

Pakistán ha creado, armado y utilizado organizaciones yihadistas no estatales para perseguir sus objetivos de política exterior en India y en Afganistán. Según Christine Fair de la Universidad de Georgetown, el gobierno pakistaní ha entrenado a 200.000 yihadistas. Fair agrupa esas organizaciones que operan o / y se refugian en Pakistán en función de los objetivos perseguidos:

  • las organizaciones orientadas a la liberación de Cachemira, entre las que se encuentra Lashkar-e-Taiba;
  • los Talibanes Afganos que luchan contra las fuerzas internacionales en Afganistán para recuperar el poder perdido en 2002;
  • las organizaciones que practican la violencia sectaria contra las minorías chiita y ahmadia en Pakistán;
  • Al-Qaeda; y por último,
  • los Talibanes Pakistaníes que pretenden imponer la Sharia e islamizar aún más Pakistán.

Las organizaciones yihadistas han ayudado al ejército pakistaní en sus guerras contra la India (1947, 1965 y 1971). En los años 1970 y 1980 Pakistán entrenó, con la ayuda de EEUUs y Arabia Saudita, a los muyahidines que derrotaron a los soviéticos en Afganistán, y posteriormente fue uno de los tres Estados que reconoció el gobierno Talibán de Kabul. Una vez que se retiraron los soviéticos en 1988, Pakistán envió a esos mismos muyahidines a luchar en el movimiento insurgente contra la ocupación india de Cachemira.

La garantía nuclear 

El paraguas nuclear (y la destrucción mutua asegurada) ha envalentonado a Pakistán que ha seguido una política cada vez más agresiva contra la India, también una potencia nuclear, incluyendo la utilización de organizaciones yihadistas. En 2008 Lashkar-e-Taiba atentó contra el corazón económico y financiero de la India, Mumbai, matando a 166 personas. El botón nuclear otorga a Pakistán cierta impunidad en su guerra de baja intensidad contra la India: el ejército pakistaní continúa bombardeando posiciones indias en Cachemira como una maniobra de distracción para facilitar la incursión de cientos de yihadistas en territorio vecino.

Los atentados del 11/9 y la cooperación pakistaní en la lucha contra el terror

Los atentados de las Torres Gemelas (11/9/2001) y la invasión americana de Afganistán, santuario de Al-Qaeda hasta 2002, representaron un punto de inflexión y forzaron a las autoridades pakistaníes a cooperar con los EEUUs en la lucha contra el terror. Desde entonces Pakistán ha prestado apoyo logístico a la Misión Internacional en Afganistán, ha cedido su espacio aéreo a los ataques de drones de EEUUs contra objetivos terroristas en suelo pakistaní y ha emprendido operaciones contraterroristas para limpiar las zonas tribales de terroristas.

No obstante, las autoridades pakistaníes no han aplicado el mismo celo contra todas las organizaciones terroristas. Han distinguido entre terroristas buenos y terroristas malos en función de su habilidad para controlarlos o influenciarlos. Los buenos son los Talibanes Afganos y la red Haqqani, financiada y entrenada por la Inteligencia Pakistaní[ii], que luchan contra los EEUUs y la fuerza internacional en Afganistán. Su liderazgo no está escondido en las zonas tribales fronterizas sino que opera y vive cómodamente en las grandes ciudades pakistaníes de Quetta (su cuartel general) o Karachi bajo la protección de Islamabad.

Como señalaba Ana Ballesteros recientemente en las páginas de El País, el concepto de profundidad estratégica explica el apoyo pakistaní a los Talibanes Afganos. Pakistán necesita un gobierno Talibán amigo y controlable en Afganistán para cubrir sus espaldas y concentrar su atención en su frontera este, en India, su verdadera obsesión. Por esta razón, también pertenecen a los terroristas buenos las organizaciones yihadistas que luchan contra la India en Cachemira incluyendo Lashkar-e-Taiba que al mismo tiempo gestiona más de 200 escuelas, ambulancias y hospitales en todo el país.

Los terroristas malos se encuentran bajo el paraguas de Tehrik-e Taliban Pakistán, o Movimiento de los Talibanes Pakistaníes, que surgió en 2007 para agrupar a todas las  organizaciones que rechazan la cooperación del gobierno pakistaní con los EEUUs en la lucha contra el terrorismo y muchos de los grupos armados que practican la violencia sectaria. En los últimos diez años estas organizaciones han atentado contra el ejército, el gobierno, la población civil, o las minorías, con un balance de 40.000 a 50.000 muertos.

Este reguero de sangre está afectando la supremacía del ejército en la política interna basada en la creencia de que es la única institución capaz de proteger a los ciudadanos pakistaníes de los enemigos externos e internos. 

Los gobiernos han alternado en su respuesta las operaciones contraterroristas y las negociaciones de paz. El primer ministro Nawaz Sharif de la Liga Musulmana de Pakistán intentó llegar a un acuerdo de paz con los Talibanes Pakistaníes desde su ascenso al poder en junio de 2013. Fracasadas las negociaciones, Sharif lanzó una operación de castigo contra los Talibanes Pakistaníes en las zonas tribales que ha causado más de mil bajas entre la insurgencia y ha provocado la casi descomposición de un movimiento que ya se encontraba al borde del colapso como consecuencia de la eliminación de su dos líderes carismáticos en 2009 y 2013. La campaña ha desplazado a un millón de personas y destrozado pueblos enteros.

Por tanto, la carnicería de Peshawar de la semana pasada es un acto de venganza de los Talibanes Pakistaníes contra esa operación contraterrorista. El comando terrorista golpeó precisamente una escuela castrense y mató a decenas de hijos de militares. Además, no es la primera vez que atentan contra escuelas. En los últimos años se han registrado casi 1.000 ataques contra colegios, especialmente mixtos con el propósito de entorpecer la escolarización de niñas. La adolescente Malala Yousafzai, premio nobel de la paz en 2014, recibió un tiro en la cabeza de los Talibanes por defender la escolarización de las mujeres.

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Por otra parte, el atentado de Peshawar sugiere que los Talibanes Pakistaníes sienten la presión de la ofensiva contraterrorista y por eso golpean “soft targets”, objetivos poco protegidos, dada su incapacidad operativa para atacar objetivos militares.

El primer ministro Nawaz Sharif no se ha arrugado: ha intensificado la operación contraterrorista con nuevos ataques aéreos y reanudado las ejecuciones de terroristas, sujetas a una moratoria desde 2008. Además, los Jefes del Estado Mayor y de la Inteligencia pakistaníes viajaron inmediatamente a Kabul para lograr la cooperación de Ashraf Giani, el nuevo presidente afgano, en la lucha contra los Talibanes Pakistaníes. El primer ministro también anunció la intención de su gobierno de finalizar la diferenciación entre Talibanes buenos y Talibanes malos.  

La cooperación con Afganistán y el fin de la distinción entre terroristas buenos y malos van en la buena dirección. Al fin y al cabo, la distinción sólo alude a la habilidad de las autoridades para controlar a los terroristas. No obstante, hay mucha retórica en las declaraciones del Primer Ministro. Dos días después de la masacre de Peshawar un tribunal pakistaní concedió la libertad bajo fianza a Zakiur Rehman Lakhvi (Lashkar-e-Taiba), el autor intelectual del atentado de Mumbai que costó la vida a 166 personas.

El dilema

Las autoridades pakistaníes necesitan deshacer una buena parte del camino andado durante las últimas cinco décadas, en particular, renunciar a la instrumentalización de organizaciones yihadistas para alcanzar sus fines en política exterior y dejar de utilizar el islam para aplastar cualquier oposición interna. El fin de la política de discriminación y de los ciudadanos de segunda clase en las zonas tribales es parte de la ecuación. El relanzamiento del proceso de paz con India, actualmente bloqueado, y un acuerdo justo para Cachemira contribuiría a ese cambio de rumbo.

Si, por el contrario, las autoridades reinciden en sus amistades peligrosas, Pakistán se encamina a un choque de trenes con la comunidad internacional. El terrorismo no supone únicamente un problema de seguridad interna. Pakistán puede convertirse en una pesadilla para la seguridad regional e internacional. En ningún otro país del mundo confluyen en un territorio algo más extenso que España el extremismo religioso, los santuarios terroristas, la proliferación nuclear, unas condiciones de extrema pobreza y un Estado débil incapaz de proteger a sus ciudadanos.

 

Notas 

[i] Zulficar Ali Bhutto fundó el Partido Popular de Pakistán y gobernó de 1971 hasta 1977 (depuesto y ejecutado en 1979). Su hija, la carismática Benazir Bhutto, gobernó en varias ocasiones en los años 1980 y 1990; murió asesinada en la campaña electoral de 2007. El marido de Benazir Bhutto, Asif Ali Zardari, ganó las presidenciales de 2008 y cumplió un mandato de cinco años hasta marzo de 2013.

[ii] El anterior Jefe del Estado Mayor de los EEUUs, Almirante Michael Mullen, declaró ante el Senado en 2011 que la red Haqqani era el brazo armado en Afganistán de los todopoderosos servicios de inteligencia pakistaníes. Pakistan in 2011: ten years of the “War on Terror”. Christine Fair.

Acerca de La mirada a Oriente

Me interesa entender qué ocurre fuera de nuestras fronteras, analizar por qué ocurre y proyectar escenarios sobre qué puede pasar. Mis áreas de interés son Irán, Oriente Medio y Norte de África, China y la política exterior de Estados Unidos en esas zonas. Mi formación es multidisciplinar. Tengo un Grado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Londres - London School of Economics and Political Science. También soy licenciado en Derecho y Master en Estudios Europeos por el Colegio de Europa. Desde 2008 pertenezco al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y trabajo para la Administración General del Estado. Anteriormente trabajé más de ocho años en la OSCE, la Asamblea de la OTAN y varias misiones de Naciones Unidas, principalmente en los Balcanes y alguna en África.
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