Diez preguntas para entender las elecciones presidenciales de Irán.

Cincuenta y cinco millones de iraníes están llamados a elegir al próximo Presidente de la República Islámica de Irán el 19 de mayo, en primera vuelta, y si ningún candidato logra el 50% de los votos, se convocará a los electores el 26 de mayo. La mayoría de los especialistas en política iraní subrayan el carácter impredecible que caracteriza estas citas electorales desde que en 1997 resultase elegido el reformista Mohamed Jatamí.

En este artículo contestaremos las diez preguntas más frecuentes sobre las elecciones presidenciales iraníes.

 

  1. ¿Qué está en juego?

Las elecciones presidenciales iraníes plantean la supervivencia de la apuesta moderada y aperturista impulsada por el centrista Hasan Rohaní desde su llegada a la presidencia de la República Islámica en 2013. El cambio tuvo su hito más significativo en la resolución diplomática del conflicto nuclear a través del Plan de Acción Integral Conjunto (o Pacto Nuclear), acordado con las grandes potencias en julio de 2015. Su política de normalización de relaciones con Occidente y de integración de Irán en la economía mundial se medirá con las posturas aislacionistas de los candidatos conservadores que apelan a la economía de resistencia.

No obstante, el cambio no es irreversible. Está por ver hasta qué punto los 55 millones de electores conceden una segunda oportunidad al presidente Rohaní, a la vista del escaso rédito que el pueblo iraní ha obtenido del Pacto Nuclear hasta el momento (según una encuesta reciente, el 72% de los iraníes piensa que sus condiciones de vida no han mejorado). La popularidad del Pacto Nuclear no ha dejado de caer desde julio de 2015 aunque todavía son mayoría aquellos que lo aprueban.

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A pesar de las críticas que los candidatos conservadores lanzan al Pacto Nuclear ninguno de ellos ha anunciado que abandonará el acuerdo. A corto plazo el compromiso iraní con las limitaciones a su programa nuclear no está en peligro. No obstante, la vuelta de los conservadores a la presidencia iraní, una facción visceralmente reacia a cualquier atisbo de arreglo o colaboración con Estados Unidos, probablemente tensionaría aún más las relaciones con la Administración Trump. Máxime si se tiene en cuenta la tendencia recurrente del presidente Donald Trump y su equipo a demonizar a Irán y a exagerar la amenaza que representa, una política que conduce, según el New York Times, a la confrontación (“Asking for trouble in Iran”).

 

  1. ¿Es Irán una democracia?

El sistema político iraní, republicano con un marcado carácter teocrático, surge de la Revolución Islámica de 1979, y descansa en una pluralidad de instituciones electivas y no electivas que se solapan con las redes informales de las facciones políticas. El Líder Supremo de la Revolución y las elecciones funcionan como mecanismos de moderación y resolución de diferencias entre facciones. La Presidencia, el Majlis (el Parlamento) y la Asamblea de Expertos son las instituciones electivas del sistema, mientras que el Consejo de Guardianes, el Consejo de Discernimiento y el Consejo de Seguridad Nacional son los órganos colegiados no electivos fundamentales del proceso de toma de decisiones.

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Para algunos observadores occidentales, (Michael  Axworthy. Irán. Una Historia desde Zoroastro hasta hoy), el sistema político iraní es el más representativo de Oriente Medio. Sin embargo, el Consejo de los Guardianes, controlado por el Líder Supremo, disfruta de amplias prerrogativas de veto de los candidatos a las elecciones y de las normas aprobadas por las instituciones electivas. Y sin duda, como señala, Luciano Zaccara, el jefe de estado, el Líder Espiritual (Velayat-t Faqih),  representa la legitimidad religiosa del sistema y la supremacía del estamento clerical sobre la política.

Para comprender mejor cómo se vertebra el sistema político iraní se aconseja consultar el gráfico recogido en la ficha de Irán en el Anuario Internacional CIDOB 2015.

 

  1. ¿Tiene el Líder Supremo todo el poder? ¿Qué se elige en las elecciones del 19 de mayo?

 El Líder Supremo de la Revolución, el Ayatolá Ali Jamenei desde 1989, tiene la última palabra en todos los asuntos y se reserva la dirección de la política exterior, de seguridad, inteligencia y defensa. Tradicionalmente los ministros que gestionan esas carteras son nombrados por él.

La Presidencia, reforzada después de la reforma constitucional de 1989, es la  segunda magistratura con más poder e influencia después del Líder Supremo de la Revolución. El Presidente dirige la política económica, cultural y social, y se ocupa de la administración ordinaria del país. Su visibilidad internacional es aún mayor (el Ayatolá Ali Jamenei nunca ha viajado al extranjero desde que sucedió al Ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989).

 

  1. ¿Cómo se elige al presidente de la República?

La votación se rige por un sistema electoral mayoritario a dos vueltas, al igual que las presidenciales francesas. Según el artículo 117 de la Constitución iraní, el Presidente será́ elegido por mayoría absoluta de votos. En caso de no obtener esta mayoría absoluta en la primera vuelta, se efectuará una segunda vuelta al siguiente viernes en la que solo participarán los dos candidatos que hayan obtenido mayor número de votos en la primera vuelta.

 

  1. ¿Cuáles son los requisitos que deben reunir los candidatos?

El Consejo de los Guardianes, compuesto por seis alfaquíes designados por el Líder Supremo, y otros seis juristas, supervisa las elecciones presidenciales y tiene derecho de veto de los candidatos. Controla que los candidatos reúnen las condiciones del artículo 115 de la Constitución: “….personalidades religiosas y políticas…. ser de origen y nacionalidad iraní́; ser administrador experimentado; tener buenos antecedentes; ser digno de confianza y virtuoso, creyente y ligado a los principios de la República Islámica y a la doctrina oficial del país”.

 

  1. ¿Quiénes son los candidatos con más probabilidades de ganar?

El pasado 20 de abril el Consejo de los Guardianes aprobó seis de los 1.636 candidatos que se han presentado a las elecciones presidenciales: el presidente actual, Hasan Rohaní, Ebrahim Raisi, Mohamad Baqer Qalibaf, Mostafa Mirsalim, Mostafa Hashemi-Teba y Eshaq Jahangiri.

 

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El expresidente Mahmud Ahmadineyad se quedó fuera de la carrera presidencial al rechazar su candidatura el Consejo de los Guardianes. No ha sido una sorpresa. El Ayatolá Ali Jamenei le había desaconsejado volver al primer plano de la política. Ahmadineyad perdió el favor del Ayatolá Ali Jamenei a partir de 2011 cuando su estilo brusco, desafiante e irreflexivo generó una fractura en la facción “Principalista” o conservadora, de la que se separó una facción ultraconservadora a la derecha y otra moderada al centro, una división a la que se culpa de la derrota conservadora en 2013.

Hasan Rohaní (1948), presidente desde 2013, pragmático y moderado, reúne en su abultado currículum un elenco de cargos propios de su triple condición de jurista, académico y hombre de Estado. Ostenta el rango de hojatoleslam en la jerarquía chií y lo ha sido todo en la República Islámica, excepto Líder Supremo, condición para la que suena su nombre. Actualmente pertenece al Consejo de Discernimiento y a la Asamblea de Expertos, encargada de designar al sucesor del actual Líder Supremo, el Ayatolá Ali Jamenei.

Hasan Rohaní rrecibirá el apoyo de la facción moderada liderada hasta hace  poco por el reciente fallecido Ayatolá Hashemi Rafsanyaní y por otros veteranos conservadores como Ali Lariyaní, actual presidente del Majlis. También obtendrá el respaldo, con reservas, de la facción reformista, apartada del poder desde 2009 y liderada por el presidente Mohamed Jatamí (1997-2005). El presidente Rohaní ha incumplido sus promesas de relajar las costumbres e incrementar los espacios de libertad, molestando a sus electorado reformista.

Hasta hace poco el presidente Rohaní jugaba con ventaja ante la división de la facción conservadora. Sin embargo, esta facción ha creado el Frente Popular de Fuerzas de la Revolución Islámica (o JAMNA por sus siglas en farsi) y se ha comprometido a acordar un candidato  de consenso durante la campaña mientras que los demás deberían renunciar y pedir el voto para el candidato de consenso. Para eso ha seleccionado cinco candidatos entre los que destacan Ebrahim Raisi en primer lugar y Mohamad Baqer Qalibaf en segundo.

Ebrahim Raisi (1960), el más cercano al Ayatolá Ali Jamenei, carece de experiencia institucional relevante y de proyección nacional. Ha hecho su carrera en el poder judicial iraní, un bastión del establishment. En 1988 fue uno de los jueces responsables de la ejecución en masa de disidentes, y más recientemente ocupó el cargo de Fiscal General de Irán. Algunos analistas han especulado que la candidatura de Raisi, un clérigo con el rango de hojatoleslam del círculo próximo al Líder Supremo, pretende darlo a conocer para una empresa más ambiciosa (el 46% de los ciudadanos encuestados en abril no conocía al candidato): convertirse en su sucesor al frente de la jefatura del Estado.

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En 2016 el Ayatolá Ali Jamenei encomendó a Raisi la dirección de la Fundación “Astan Quds Razavi”, la organización benéfica más rica del mundo islámico que controla la mezquita del Imán Reza, que visitan 30 millones de peregrinos chiíes cada año. Su poder político es enorme, dando trabajo a millones de personas directa e indirectamente. Según diversas fuentes, el patrimonio de esta fundación rondaría los 12.000 millones de euros, incluyendo cerca del 90% del territorio productivo de la provincia de Jorasán.

Raisi recibirá el apoyo de la facción Principalista siempre atenta a los dictados del Líder Supremo y de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Ha obtenido también el aval del  líder espiritual de los ultraconservadores, el Ayatolá Mohammad Taghi Mesbah Yazdi, que controla el Frente de Resistencia, un grupo de más de 30 diputados en el Majlis. No obstante, parece difícil que Raisi, el candidato más cercano a Ali Jamenei, termine canalizando el conjunto de los apoyos de Ahmadineyad, vetado por el Consejo de los Guardianes por su enfrentamiento con el Ayatolá Ali Jamenei. Sus bolsas de votos se encuentra en las clases populares, en el entorno rural y entre las capas más piadosas de la sociedad.

Mohamad Baqer Qalibaf (1961) tiene aquello que le falta a Raisi, experiencia institucional y proyección nacional. Veterano de la Guerra Iraq/Irán, comandante de la Fuerza Aérea de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica y Alcalde de Teherán desde 2005. En las elecciones presidenciales de 2013 quedó segundo después de Rohaní. Su prestigio ha sufrido recientemente a raíz de su implicación en escándalos de corrupción y el desmoronamiento de un rascacielos en Teherán en el que murieron 20 bomberos.

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Los otros tres candidatos, en principio con menos probabilidades, son los siguientes: 

Eshaq Jahangiri (1957), vicepresidente primero del gobierno actual del presidente Rohaní, fue Ministro de Industria y Minas durante los mandatos del presidente Jatamí (1997-2005). Su candidatura obedece al miedo de los moderados a que Hasan Rohaní fuese vetado por el Consejo de los Guardianes. Se espera que renuncie y respalde a Rohaní durante la campaña electoral.

Mostafa Mirsalim (1947), ingeniero que estudió en Francia y ministro de Cultura y Orientación Islámica con el presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyaní en la década de 1990. Conservador y próximo a los comerciantes del Bazar.

 Mostafa Hashemi Taba (1947), vicepresidente con el presidente Ali Akbar HashemiRafsanyaní en la década de 1990.

 

  1. ¿Cuál son los temas de campaña?

La campaña electoral, en la que el país lleva sumido desde hace meses, ha girado en torno a la naturaleza, el alcance y las consecuencias prácticas del Pacto Nuclear para Irán. El presidente Rohaní defiende este acuerdo histórico que ha aliviado la presión internacional sobre Irán y mejorado la evolución de la economía, gracias al levantamiento de las sanciones sobre las exportaciones de hidrocarburos. Además, una política económica más prudente ha conseguido reducir la inflación de forma notable. De hecho, la economía iraní creció en la anualidad 2014/2015 (un 4%) y volverá a hacerlo en la anualidad 2016/2017 a un ritmo del 6.6%, según el FMI.   

No obstante, el pueblo iraní apenas percibe los beneficios del Pacto Nuclear (el 72% de los iraníes indica que éste no ha mejorado sus condiciones de vida) por lo que algunas analistas piensan que el Pacto Nuclear constituye, de momento, una pesada carga para la candidatura de Rohaní.

El dividendo de la paz, prometido por Hasan Rohaní, se hace esperar. Las razones abundan. Por un lado, un contexto de precios bajos del petróleo desde 2014; por otro, la subsistencia de sanciones no vinculadas al conflicto nuclear por parte de EE.UU;  las dificultades de los bancos iraníes para conectarse al sistema bancario SWIFT, asunto en el que EE.UU podría ayudar gracias a su posición central en el sistema financiero internacional; la volatilidad e inestabilidad de Oriente Medio. Todo ello ha redundado en la ralentización de la llegada de las inversiones necesarias para el despegue del país.

Los conservadores y ultraconservadores han acusado al presidente Rohaní de vender el país a Washington y traicionar la Revolución Islámica, hasta el punto de hablar de un segundo “Turkmenchay”, el Tratado firmado con Rusia en 1828 que certificó la defunción del imperio persa en el Cáucaso y representó una humillación nacional debido a las ventajas comerciales que concedió a los mercaderes rusos. Todo un gesto hacia el sentimiento nacionalista predominante en la sociedad iraní.

Los conservadores centran sus ataques en la tasa de desempleo que ha aumentado durante el mandato del presidente Rohaní hasta alcanzar el 11% actual,  y en la eliminación de subsidios que genera más desigualdades sociales. Defienden la economía de resistencia y la vuelta de los subsidios frente a la apertura económica auspiciada por el presidente Rohaní.

Muchos conservadores apoyaron la resolución diplomática del conflicto nuclear a la espera del dividendo de la paz. Las expectativas no se están cumpliendo, y los críticos del presidente Rohaní ganan terreno entre una ciudadanía cada vez más escéptica con un acuerdo del que esperaban mucho más. De hecho la popularidad del presidente ha descendido en paralelo al descenso del apoyo del pueblo iraní al Pacto Nuclear.

 

  1. ¿Qué dicen las encuestas?

Las encuestas no están permitidas en Irán. No obstante, IranPoll, una empresa canadiense centrada en el estudio de la opinión pública iraní, que colabora con universidades americanas de la talla de Princeton, desveló hace unos días los resultados de una encuesta realizada entre el 11 y el 14 de abril. Más del 50% de los iraníes piensa que la situación de la economía es mala o muy mala y está empeorando, y opina que el presidente Rohaní no ha resuelto los problemas económicos. Casi ¾ partes delos iraníes indica que sus condiciones de vida no han mejorado después de julio de 2015: el desempleo constituye la cuestión más apremiante.

Según IranPoll, Mohamad Baqer Qalibaf cuenta con una ligera ventaja sobre Hasan Rohaní (67 frente a 62 puntos). Qalibaf obtiene la confianza de los iraníes para solucionar el problema del desempleo mientras que Rohaní es percibido como el más capacitado para atacar la corrupción, ampliar las libertades públicas, normalizar las relaciones con Occidente y reducir las sanciones.

 

  1. ¿A quién interesan estas elecciones, aparte de los iraníes?

Los inversores internacionales miran con atención la evolución política del último gran mercado de 80 millones de habitantes con un proceso de liberalización pendiente después de la conversión de Rusia, China o India a las ideas de Adam Smith. Irán es la tercera economía de la región después de Turquía y Arabia Saudí y el cuarto país del mundo en reservas probadas de petróleo y el segundo en reservas probadas de gas. Irán necesita urgentemente 200.000 millones de Euros para revitalizar su industria del petróleo (Tehran Times, 2016).

La comunidad internacional también presta mucha atención a las elecciones presidenciales iraníes. El Pacto Nuclear de 2015 representa un hito destacado en la defensa del régimen de no proliferación nuclear, tan cuestionado recientemente por Corea del Norte. Además, Irán juega un papel protagonista en el devenir de Siria, Iraq, Líbano, Afganistán y el resto de Oriente Medio, y compite por influencia con Arabia Saudí.

 

  1. ¿Cuál es el contexto?

Desde al menos el Movimiento Verde de 2009, que echó a la calle a cientos de miles de iraníes para protestar contra la reelección fraudulenta del presidente Ahmadineyad, se aprecia un creciente distanciamiento entre el pueblo y la cúpula dirigente iraní.

De una parte, una sociedad decepcionada con las promesas utópicas de la Revolución, en una “fase post-utópica de conciencia” como diría el profesor iraní Ebrahim Afsah de la Universidad de Copenhague, una sociedad en la que el 60% de la población es menor de 30 años y no ha conocido la opresión del Sha.

La desilusión de la sociedad iraní no conduce necesariamente a una preferencia por el cambio a cualquier precio. Los iraníes favorecen un cambio pacífico y gradual. No son ajenos al fracaso de la Primavera Árabe o a un escenario regional convulso y volátil aquejado de un deterioro grave de la seguridad debido a la actividad yihadista omnipresente y a los conflictos internos en Siria, Iraq, Yemen y Afganistán (aparte de Libia) cuya resolución parece distante.

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De otra parte, los guardianes de la de la Revolución, la generación de líderes islamistas que lucharon contra el Sha y en la guerra contra Iraq, así como los “Iranian princeling”, las segundas y terceras generaciones de descendientes de los primeros. Se trata del establishment encabezado por el Ayatolá Ali Jamenei, y todos los conservadores que han ocupado las instituciones no electivas de la República.

El Pacto Nuclear fue una apuesta ponderada del establishment, con el concurso de las facciones moderada y reformista, para aflojar las presiones externas que ejercía la comunidad internacional a través de las sanciones y el aislamiento diplomático, y permitir así al régimen centrarse en la resolución de esos problemas internos y de gobernabilidad con el fin de proteger la Revolución (y sus guardianes).

Más de un año ha pasado desde el levantamiento de las sanciones vinculadas al programa nuclear iraní y aunque sigue en pie el consenso político a favor del Pacto Nuclear, en paralelo ha surgido un disenso en torno a su significado para el futuro del país. El presidente Rohaní contempla el Pacto Nuclear como una oportunidad única para transformar Irán y resituarlo en el tablero internacional como un país abierto al mundo y a la inversión extranjera; por el contrario la facción Principalista asigna al Pacto un valor transaccional y circunscrito al ámbito nuclear. El Ayatolá Ali Jamenei quiso el Pacto Nuclear para salvar el régimen, asfixiado por las sanciones, pero rechaza categóricamente su apertura política y económica.

En este sentido el 19 de mayo los iraníes están llamados a pronunciarse sobre la apertura del régimen surgido de la Revolución de 1979.

Se enfrentan no solamente dos visiones opuestas sobre el futuro del país. Las facciones ultraconservadora, principalista, moderada y reformista compiten por el poder interno, una guerra en la que la facción moderada ha realizado notables avances durante los últimos cuatro años. Por el contrario, la facción conservadora, fracturada desde 2012, ha perdido las últimas tres elecciones a la Presidencia (2013), al Parlamento y a la Asamblea de Expertos (2016). Resiste bien con el apoyo del Líder Supremo en las instituciones no electivas de la República.

Además, estas elecciones ocurren en la mitad de un proceso de cambio generacional de la vieja guardia que hizo la revolución. Los problemas de salud del Ayatolá Ali Jamenei y la muerte reciente del Presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyaní, uno de los pilares de la República Islámica y el líder de la facción moderada, generan incertidumbre, tensión y oportunidades.

@lamiradaaoriente

@joseluismase

 

Acerca de La mirada a Oriente

Me interesa entender qué ocurre fuera de nuestras fronteras, analizar por qué ocurre y proyectar escenarios sobre qué puede pasar. Mis áreas de interés son Irán, Oriente Medio y Norte de África, China y la política exterior de Estados Unidos en esas zonas. Mi formación es multidisciplinar. Tengo un Grado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Londres - London School of Economics and Political Science. También soy licenciado en Derecho y Master en Estudios Europeos por el Colegio de Europa. Desde 2008 pertenezco al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y trabajo para la Administración General del Estado. Anteriormente trabajé más de ocho años en la OSCE, la Asamblea de la OTAN y varias misiones de Naciones Unidas, principalmente en los Balcanes y alguna en África.
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