Las Analectas y la filosofía política de Confucio.

 “Gobiérnalos por medio de la fuerza moral, mantén el orden entre ellos mediante el ritual, conservarán el respeto por sí mismos y vendrán a ti por voluntad propia” (Libro 2, número 3 in fine, Analectas)


Cicerón señaló que Sócrates fue el primero en hacer descender la filosofía desde los cielos y establecerla en las ciudades, introducirla en los hogares y forzarla a investigar en la vida ordinaria, la ética, el bien y el mal[1]. Es improbable que Cicerón conociese el pensamiento de Confucio (forma latinizada de Kung-Fu-tzu, que significa el Maestro Kong) que insistió antes que Sócrates en una educación moral sistemática (Confucio murió en el 479 a. d. C., nueve años antes del nacimiento de Sócrates).

Al igual que Sócrates, Confucio no escribió nada, fueron sus discípulos y los discípulos de éstos quienes después de su muerte recogieron y transmitieron con éxito sus enseñanzas en las Analectas[2] (Lun Yu que significa comentarios seleccionados). Las Analectas es un libro de apenas 200 páginas que recoge las respuestas que el Maestro Kong dio a sus discípulos y contemporáneos, así como el diálogo entre los discípulos y su maestro.

dinastc3ada-zhouPara entender las Analectas debemos remontarnos al tiempo de Confucio (551-479 a. d. Cristo), hacia la mitad del primer milenio antes de Cristo, un periodo convulso caracterizado por la injusticia y la anarquía. Los reyes de la Dinastía Zhou, en el poder desde el 1046 o 1027, han perdido el control de los señores feudales, y dependen de los grandes príncipes, pues aparecen una sucesión de protectorados de la casa real. Más de 100 pequeños estados compiten por ampliar sus dominios y su riqueza provocando una crisis política y social que se prolonga hasta la unificación del país bajo la batuta de la Dinastía Qin en el 221 a. d. C.

A pesar de la guerra y la anarquía, se trata de unos siglos fértiles en ideas sobre los fundamentos del gobierno y la ética. China alumbra a filósofos de la talla de Confucio, Lao-tsé o Mencio, al igual que hace India con los Upanishad y Buda y Occidente con Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles. Se trata de la Era Axial (800 – 200 a. C), un término propuesto por el filósofo alemán Karl Jaspers para denominar un tiempo en el que aparece una misma línea de pensamiento en China, India y Occidente, caracterizada por el auge de la actividad reflexiva, el poder de las ideas y la aparición en público de los filósofos.

En China, cientos de pensadores viajan de un lugar a otro exponiendo sus enseñanzas y buscando un protector que las haga realidad. Ese fue el caso del Maestro Kong. Procedía de una familia de la baja nobleza shih y durante algún tiempo fue ministro de Estado y supervisor de graneros[3]. Al no poder encontrar un gobernante que pusiera en práctica sus recomendaciones para un gobierno justo, se dedicó a la meditación y a la enseñanza.

Para Confucio, la sociedad de su tiempo se ha desviado del camino correcto. La brecha entre el “ser” y el “deber ser” se ensancha pero Confucio se muestra optimista: se puede recuperar el camino con una mirada atenta a la Antigüedad.

Confucio veneraba a los primeros reyes de la Dinastía Zhou[4] y, en particular, a Dan, el Duque de Zhou, hermano de Wu, el rey Guerrero que arrebató el poder a la dinastía Shang en el 1046 o 1027 a. d. El Duque de Zhou actuó como regente mientras que el hijo de Wu fue menor de edad, y devolvió el poder a su sobrino cuando éste alcanzó la mayoría de edad. Era el prototipo confuciano de gentilhombre. El Duque forjó un sistema de gobierno que el historiador Ian Morris asemeja a la Mafia: el despliegue de miembros del clan Zhou en el gobierno de asentamientos coloniales que funcionaban como ciudades-estado independientes en el curso del Río Amarillo. El Rey dependía de estos señores para luchar contra sus enemigos y con ellos compartía el botín[5].

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El pensador chino bucea en la antigüedad, no para innovar, sino para transmitir sus enseñanzas. En ella encontramos los tres ingredientes del buen gobierno que se reconocen en las Analectas, principalmente el rito (Li) y la moral (la Bondad, Ren) y en una medida menor la legitimidad. Al comienzo del Libro 3 se recoge una escena que muestra como las familias aristocráticas se han apartado del rito: “El cabeza de la familia Ji utilizaba ocho filas de bailarinas en las ceremonias del templo de sus antepasados. Confucio comentó: «Si es capaz de esto, ¿de qué no será capaz?»”. Confucio denuncia aquí que los señores feudales estaban usurpando los privilegios reales, entre otros, el divertimiento con el baile de ocho filas de bailarinas y, por tanto, minando el antiguo orden ritual.

U101P200T1D341560F8DT20100928175415Esto no ocurría en los primeros siglos de la dinastía Zhou. En ese periodo el rito, concepto cercano a la costumbre, garantizaba el funcionamiento correcto de la sociedad y del Estado. En el Libro 1, número 2, se indica que el Camino de los Reyes Antiguos extrajo su belleza del rito. Cada uno aprendía y desempeñaba su papel en las ceremonias en armonía con los demás. Más allá de las ceremonias, cada cual conocía su lugar en la comunidad y cumplía con su obligación: el Rey se comportaba como debía comportarse un rey y los nobles se comportaban como nobles.

En definitiva, el rito ordenaba, restringía, regulaba, disciplinaba, en definitiva, el comportamiento de los chinos de la misma manera que el Derecho disciplinaba a los romanos[6]. Hacia fuera, el rito fue la rúbrica que distinguía a los chinos que vivían en los estados centrales (Zhongguo) de los bárbaros. Fue el sustrato de la Civilización China. Hacia dentro, Confucio propugnaba el orden que fomentaba el rito: la atribución a todo de su lugar correcto en la totalidad de la experiencia.

Añade Confucio la moral que debe sustentar el ejercicio del gobierno, en la que la Bondad (Ren) es la idea fuerza. La moral en el ejercicio del gobierno está muy presente a lo largo del libro. “Gobernar (zheng) es enderezar (zheng). Si vas por un camino recto, te atreverías a ir por uno sinuoso?” señala el Maestro Kong (Libro 12, número 17). En el Libro 2, número 1, insiste: “Quien gobierna por medio de la fuerza moral es como la estrella polar, que permanece en su lugar mientras todas las estrellas menores le rinden tributo”. En definitiva, la política es rectitud[7].

Sorprende este imperativo ético del gobernante que prescribe Confucio hace 25 siglos. Sus reflexiones sobre quién es un noble (Jun zi, hijo de gobernante que llegó a significar noble) son aún más novedosas. La nobleza no es innata, no procede de la cuna sino de la educación. El Maestro Kong sugiere esta idea en el Libro 6, número 4, “Si el ternero de un buey pinto tiene la piel rojiza y le han crecido los cuernos (por tanto, inadecuado para el sacrificio), aunque muchas personas puedan dudar en utilizarlo, ¿lo rechazarían las colinas y los arroyos”. Solo el comportamiento virtuoso forja una persona noble. Las consecuencias políticas son evidentes: el nacimiento no justifica el derecho a gobernar.

El gobierno debe recaer en una persona noble, es decir, aquella que adquiere unas cualidades morales mediante el aprendizaje, la acumulación de experiencia y el servicio a los demás.

Inmediatamente se suscita la pregunta sobre las cualidades morales a las que se refiere Confucio. En el Libro 1, número 15, Confucio proporciona una pista: “ir demasiado lejos es tan malo como no llegar lo suficiente” y de nuevo en el Libro 6, número 27, establece “Qué importante es el poder de la Costumbre Promedio. Pero que rara vez se encuentra entre las personas comunes es un hecho reconocido”. Por tanto, la moderación en la conducta y en la opinión es una virtud que se encuentra en la persona noble. El Jun zi evita lo absoluto, evita lo extremo Esta concepción de la virtud como camino medio entre dos extremos nos resulta familiar como parte de la herencia aristotélica[8].

No obstante, la idea fuerza de la moral confuciana es la Bondad (Ren), el sello del hombre noble. Dice el Maestro en el Libro 4, número 5: “Nunca, ni por un momento, abandona un noble el camino de la Bondad”. Nos aproximamos al concepto de Ren con el principio enunciado por el Maestro en el Libro 15, número 23: un discípulo preguntó: “¿Existe alguna frase sobre lo que se puede actuar todos los días, en todo momento?”. El Maestro dijo: “Quizás el dicho sobre la consideración: `Nunca hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti´.

La bondad (Ren) alude a las cualidades humanas a su más alto nivel, al deseo del progreso colectivo: el hombre es parte de una comunidad y su bienestar depende del progreso de los demás. Ren implica una actitud de preocupación por los demás en el desempeño del papel de cada uno en la sociedad de acuerdo con el rito. La bondad del gobernante se mide en función de la benevolencia de sus políticas.

¿Cómo se explica el lugar privilegiado de la moral en la gobernanza confuciana? La respuesta se encuentra en la teoría de la legitimidad del poder de los Zhou según Peter Bol, profesor de la Universidad de Harvard[9]. Los Zhou presentan al pueblo el derrocamiento de la dinastía Shang a manos de los Zhou como una expresión de la voluntad celestial. Dios ha querido castigar a los últimos reyes Shang que eran crueles y corruptos y premiar a los virtuosos Zhou. De acuerdo con el concepto del mandato del cielo (Tianming), el poder real descansa en la voluntad divina pero al mismo tiempo limita y condiciona su ejercicio al seguimiento del Camino. Igual que se da se puede quitar si el gobernante no se comporta virtuosamente.

El comportamiento virtuoso de los gobernantes solamente puede redundar en el consentimiento de los gobernados al ejercicio del poder de aquéllos. En las Analectas, Confucio hace hincapié en la cuestión de la legitimidad de la autoridad para asegurar la permanencia del Estado. En el Libro 13, número 16, el Maestro dijo: “Si el gobernante es justo, todo irá bien aunque no dé órdenes. Pero si no es justo, aunque dé órdenes, no le obedecerán”. En el Libro 12, número 7, Zigong preguntó sobre el gobierno. El Maestro dijo: “Suficientes alimentos, suficientes armas y la confianza de las personas comunes”. Zigong dijo: “Suponga que no tiene otra opción que prescindir de una de estas tres, ¿a cuál renunciaría?”. El Maestro dijo: “las armas”. Zigong dijo: “Suponga que se ve obligado a prescindir de una de las dos que quedaron ¿a cuál renunciaría?”. El Maestro dijo: “A los alimentos, ya que desde la antigüedad la muerte ha sido el destino de todos los hombre; pero un pueblo que ya no confía en sus gobernantes en verdad está perdido”. 

El Maestro Kong sintetiza estos tres elementos (rito, bondad y legitimidad) de su propuesta de buen gobierno en el Libro 2, número 3 in fine de las Analectas: “Gobiérnalos por medio de la fuerza moral, mantén el orden entre ellos mediante el ritual, conservarán el respeto por sí mismos y vendrán a ti por voluntad propia”.

Confucio fue un intérprete certero de su tiempo, su reforma moral y política era necesaria para atajar la anarquía y restaurar el esplendor de los gobiernos de los primeros Zhou. Pero fue algo más porque sus enseñanzas trascienden su tiempo. Las tres categorías generales de su filosofía política son aplicables a realidades distintas a la china del primer milenio a.d.C. Si sustituimos ritual por la ley romana nos acercamos a los sistemas políticos occidentales basados en el estado de derecho, la justicia social y el consentimiento del pueblo. Y en este sentido las prescripciones de las Analectas resultan de plena actualidad.

A nivel individual, las Analectas proponen una forma de vida en la que las personas que siguen el Camino se convierte en personas más humanas y preparadas para responder a todo tipo de situaciones. El canon confuciano transforma a los individuos ordinarios en hombres superiores (Jun zi, persona noble).

El Confucianismo es uno de los tres pilares de la cultura china, junto con el taoísmo y el budismo. El historiador Roberts subraya la importancia del Confucianismo para las élites dirigentes chinas. Ningún gobernante se consideró confuciano pero sus enseñanzas tuvieron éxito en un sentido más básico, dado que las generaciones de funcionarios chinos se formarían en los preceptos de conducta y de gobierno que establecieron. El conocimiento de las Analectas fue una condición sine qua non para superar los exámenes de acceso a los cuerpos superiores de la administración, una suerte de oposiciones cuyos orígenes se remonta a la Dinastía Han (206 a.d.C. en adelante) que encargó a los altos funcionarios (conocidos como mandarines) la administración del imperio.

examenes

No todo fueron bondades en el pensamiento confuciano. Roberts nos advierte que su preocupación por el pasado pudo tener un efecto perjudicial para la investigación científica. Hay datos que sugieren que después del s. V a.C. entró en decadencia una tradición de observación astronómica que había permitido la predicción de los eclipses lunares.

José Luis Masegosa Carrillo

@joseluismase @lamiradaoriente

Notas 

[1] Sócrates. Un hombre de nuestro tiempo, Paul Johnson. Avarigani Editores. 2012.

[2] Analectas, Confucio. Editorial Popular. 2009.

[3] Historia Universal, J.M. Roberts. RBA

[4] Wen, el Rey Civilizador o de la cultura murió antes de consolidarse la victoria de los Zhou. Su hijo Wu o Rey Guerrero consiguió la derrota definitiva de los Shang.

[5] Why the West rules for know. The patterns of history and what they reveal about the future. Ian Morris. 2010. Profile Books.

[6] A este respecto se debe recordar la definición que recoge Aldo Schiavione de derecho: Ius: mos est ritus. El derecho romano nace como un complejo de procesos rituales suspendidos entre lo humano y lo divino (Ius. Aldo Schavione. Adriana Hidalgo Editora. 2009). La preocupación de los pensadores romanos no se aleja probablemente de la preocupación de los chinos: se trata de normalizar el presente para reducir su incertidumbre y traumas.

La cuestión no fue pacífica en China. Hubo una corriente de escritores conocidos como “Legalistas”, que propugnaban que la ley sustituyera al rito como principio de organización del Estado. Debía haber una ley para todos, ordenada y enérgicamente aplicada por un gobernante. Confucio se opuso y defendió el rito de la Antigüedad. Historia Universal, J.M. Roberts. RBA

[7] El profesor Keightley contrasta este optimismo que revelan los pensadores chinos en la bondad de la naturaleza humana (Confucio, Mencio) con el pesimismo de los filósofos griegos (Early Civilization in China: Reflextions on how it became Chinese. David N. Keightley. China X). Confucio se muestra optimista sobre la capacidad del hombre para recuperar el camino. Sócrates, por su parte, zanja la cuestión y dice que “en la política ningún hombre honrado dura mucho tiempo”.

[8] Para Aristóteles toda virtud es un medio entre dos extremos, cada uno de los cuales es un vicio. Esto se prueba por un examen de las diversas virtudes. El valor es un medio entre la cobardía y la temeridad; la liberalidad entre la prodigalidad y la sordidez; el amor propio, entre la vanidad y la humildad; la modestia entre la vergüenza y la desvergüenza. Historia de la Filosofía, Bertrand Russell. RBA.

[9] Curso “China” (Part 1) de la Universidad de Harvard. Profesores Peter Bol y William C. Kirby 

Acerca de La mirada a Oriente

Me interesa entender qué ocurre fuera de nuestras fronteras, analizar por qué ocurre y proyectar escenarios sobre qué puede pasar. Mis áreas de interés son Irán, Oriente Medio y Norte de África, China y la política exterior de Estados Unidos en esas zonas. Mi formación es multidisciplinar. Tengo un Grado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Londres - London School of Economics and Political Science. También soy licenciado en Derecho y Master en Estudios Europeos por el Colegio de Europa. Desde 2008 pertenezco al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y trabajo para la Administración General del Estado. Anteriormente trabajé más de ocho años en la OSCE, la Asamblea de la OTAN y varias misiones de Naciones Unidas, principalmente en los Balcanes y alguna en África.
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