El significado de la Revolución de los Paraguas

Desde hace diez días el mundo contempla expectante las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en China desde que en 1989 el régimen comunista reprimiese a sangre y fuego la revuelta de la plaza de Tiananmen.

El conflicto enfrenta a miles de estudiantes hongkoneses de un territorio de más de doscientas islas con una de las rentas per cápita más altas del mundo con la República Popular de China, la potencia emergente destinada a arrebatar a Estados Unidos el trono de primera potencia económica del siglo XXI en términos de PIB.

Hong Kong es una antigua colonia británica devuelta a China en 1997 después de 150 años de soberanía inglesa. Cuando la dama de hierro Margaret Thatcher accedió a su devolución, el Presidente reformista Denz Xiaoping se comprometió a conceder a Hong-Kong un elevado grado de autonomía en el marco de la fórmula “un país, dos sistemas”.

En su escrito “un país, dos sistemas”,  el Presidente Xiaoping señalaba que

Aspiramos a una política de “un país, dos sistemas”. Más específicamente, esto significa que al interior de la República Popular de China, el continente con mil millones de personas, conservará el sistema socialista, mientras que Hong Kong y Taiwán continuarán bajo el sistema capitalista.

El Partido Comunista Chino había prometido a los hongkoneses la elección directa del jefe de gobierno de Hong-Kong en 2017 pero en agosto pasado las autoridades de Pekín revelaron las reglas de la elección, que descafeinaban el sufragio puesto que  solamente los candidatos que recibieran el visto bueno de Pekín podrían concurrir a las elecciones.

Los estudiantes empezaron a manifestarse a la puerta de la sede del Gobierno Hongkonés, la policía hizo arrestos de líderes e intento disolver a los manifestantes con gases lacrimógenos y gas pimienta. Los manifestantes respondieron desplegando al viento sus paraguas como un símbolo de resistencia.

Aunque la protesta estudiantil estalló con el anuncio chino del veto a los candidatos a jefe de gobierno hongkonés en las elecciones de 2017, las razones que explican las protestas no son sólo políticas. Los estudiantes resienten el precio de la vivienda que les obliga a permanecer en casas de sus padres y del que acusan a Pekín. Los nuevos ricos chinos han desembarcado en masa y han impulsado al alza el precio del metro cuadrado. Las desigualdades, sin llegar a los niveles de la China continental, han crecido desde 1997.

La “Revolución de los Paraguas” plantea un desafío considerable para las autoridades de Pekín puesto que recuerda a las Revoluciones que han derribado regímenes autoritarios en Europa del Este (Naranja en Ucrania, Terciopelo en Georgia) y en el Gran Oriente medio (la Primavera Árabe). También trae a la memoria Tianamen.

El Presidente Xi Jinping, que accedió al poder en 2012, ha acumulado todo el poder en los últimos dos años y ha dejado claro que no tolerará una democracia al estilo occidental. Para Xi Jinping y el resto del establishment, el control férreo del país por parte del partido garantiza la estabilidad necesaria para el progreso económico.

Sin embargo, Hong-Kong no es una isla de descontento en China. Aunque el desarrollo económico de las últimas décadas ha sacado de la pobreza a varios cientos de millones de personas, también ha propiciado el aumento de las desigualdades sociales. De hecho, China y EEUUs, los dos colosos económicos del s. XXI, están unidos por la desigualdad.

Las protestas ciudadanas se han incrementado en los últimos años en el ámbito local en contra de la contaminación, los desmanes urbanísticos y las expropiaciones de propiedades, la censura en Internet, y los abusos de las autoridades.

También han aumentado las tensiones nacionalistas, especialmente en la región autónoma de Xinjianj y en menor medida en el Tíbet. El Turquestán oriental es una región rica en petróleo y gas al que han emigrado millones de la etnia mayoritaria china “Han” en las últimas décadas, concitando el rechazo de sus habitantes autóctonos, los uigures de religión musulmana.

En definitiva, la protesta de los estudiantes hongkoneses pone en entredicho la fórmula de “un país, dos sistemas” del Presidente Denz XIaoping. Sin embargo, aunque la protesta se está desinflando después de diez días en la calle, es parte de una serie de acciones de contestación social que muestra una insatisfacción creciente de amplias capas de la población con la forma en que son gobernados.

Por tanto, es el modelo de capitalismo de Estado dirigido por el partido comunista chino el que a medio plazo está en juego.

@joseluismase

Acerca de La mirada a Oriente

Me interesa entender qué ocurre fuera de nuestras fronteras, analizar por qué ocurre y proyectar escenarios sobre qué puede pasar. Mis áreas de interés son Irán, Oriente Medio y Norte de África, China y la política exterior de Estados Unidos en esas zonas. Mi formación es multidisciplinar. Tengo un Grado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Londres - London School of Economics and Political Science. También soy licenciado en Derecho y Master en Estudios Europeos por el Colegio de Europa. Desde 2008 pertenezco al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y trabajo para la Administración General del Estado. Anteriormente trabajé más de ocho años en la OSCE, la Asamblea de la OTAN y varias misiones de Naciones Unidas, principalmente en los Balcanes y alguna en África.
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